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SAN CORNELIO Y CIPRIANO

San Cornelio y Cipriano

 Hoy celebramos a los santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires. Juntos son celebrados hoy porque ambos testimoniaron, en días de persecución, su amor por la verdad ante Dios y el mundo.

Fueron víctimas de la persecución de Valeriano. Sus memorias aparecen unidas en los antiguos libros litúrgicos de Roma desde mediados del siglo IV.

Cornelio, cuyo nombre significa "fuerte como un cuerno", fue el vigésimo primer Papa de la Iglesia católica. Afrontó con firmeza la herejía del teólogo Novaciano, quien afirmaba que la Iglesia no tenía poder para perdonar pecados graves, ni acoger a los que habían apostatado. El Papa Cornelio alzó la voz sosteniendo que Dios no negaba a nadie su perdón y que no existía falta que no pudiese absolver la misericordia divina. Cornelio sufrió el destierro, y en el año 253 murió decapitado.

San Cipriano nació en el año 200 en Cartago (Africa), se convirtió al cristianismo cuando era mayor de 40 años. Su mayor inspiración fue un sacerdote llamado Cecilio. Una vez bautizado descubrió la fuerza del Espíritu Santo capacitándolo para ser un hombre nuevo. Se consagró al celibato. Tuvo un gran amor al estudio de las Sagradas Escrituras. Es famoso su comentario del Padrenuestro. Fue ordenado obispo por aclamación popular el año 248, al morir el obispo de Cartago. Apoyó al Papa Cornelio en la doctrina sobre el perdón, y respaldó públicamente la postura pontificia. 

En el año 257 el emperador Valeriano decreta que todo creyente que asista a la Santa Misa corre peligro de destierro. Los obispos y sacerdotes tienen pena de muerte al celebrar una ceremonia religiosa. Decretan el destierro de Cipriano, pero el sigue celebrando la Misa. En el año 258 es condenado a muerte. Como Cornelio, murió decapitado en septiembre del año 258.

Se conservan las actas del juicio. Narran así:

Juez: "El emperador Valeriano ha dado órdenes de que no se permite celebrar ningún otro culto, sino el de nuestros dioses. ¿Ud. Qué responde?"

Cipriano: "Yo soy cristiano y soy obispo. No reconozco a ningún otro Dios, sino al único y verdadero Dios que hizo el cielo y la tierra. A Él rezamos cada día los cristianos".

El 14 de septiembre una gran multitud de cristianos se reunió frente a la casa del juez. Este le preguntó a Cipriano: "¿Es usted el responsable de toda esta gente?".

Cipriano: "Sí, lo soy".

Juez: "El emperador le ordena que ofrezca sacrificios a los dioses".

Cipriano: "No lo haré nunca".

Juez: "Piénselo bien".

Cipriano: "Lo que le han ordenado hacer, hágalo pronto. Que en estas cosas tan importantes mi decisión es irrevocable, y no va a cambiar".

El juez Valerio consultó a sus consejeros y luego de mala gana dictó esta sentencia:

"Ya que se niega a obedecer las órdenes del emperador Valeriano y no quiere adorar a nuestros dioses, y es responsable de que todo este gentío siga sus creencias religiosas, Cipriano, queda condenado a muerte. Le cortarán la cabeza con una espada".

Al oír la sentencia, Cipriano exclamó: "¡Gracias sean dadas a Dios!".

Toda la inmensa multitud gritaba: "Que nos maten también a nosotros, junto con él", y lo siguieron en gran tumulto hacia el sitio del martirio.

Al llegar al lugar donde lo iban a matar Cipriano mandó regalarle 25 monedas de oro al verdugo que le iba a cortar la cabeza. Los fieles colocaron sábanas blancas en el suelo para recoger su sangre y llevarla como reliquias. El santo obispo se vendó él mismo los ojos y se arrodilló. El verdugo le cortó la cabeza con un golpe de espada. Esa noche los fieles llevaron en solemne procesión, con antorchas y cantos, el cuerpo del glorioso mártir para darle honrosa sepultura. A los pocos días murió de repente el juez Valerio. Pocas semanas después, el emperador Valeriano fue hecho prisionero por sus enemigos en una guerra en Persia y esclavo prisionero estuvo hasta su muerte.

Los dos amigos, Cornelio y Cipriano, unidos por Cristo en la misión pastoral, padecieron por causa de la fe y dejaron un testimonio de fidelidad a la Verdad revelada, testimonio que sellaron con su propia sangre. Se les menciona juntos en la Plegaria Eucarística en su primera formulación, al lado de otros santos y mártires de los primeros tiempos del cristianismo.

Hoy que tantos por cualquier motivo dejan la asistencia a la Santa Misa dominical, veamos en estos mártires un ejemplo a seguir. Ellos dieron la vida por asistir a la Eucaristía. "Sin la Misa no podemos vivir", decían. Necesitamos a Jesús Eucaristía que nos fortalezca, que viva en nuestros corazones, que nos llene de su Amor. Jesús es nuestra Vida.

Misa en la Sagrada Família


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