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2º DOMINGO DE CUARESMA

La Transfiguración del Señor

 En este camino cuaresmal hacia la Pascua, mañana domingo, contemplaremos la Transfiguración de Jesús. Pedro, Santiago y Juan serán los apóstoles que el Señor tomará para subir al monte y contemplar el misterio.

¡Qué bien se está con Jesús!. Pedro está entusiasmado. Pide al Señor de construir tres tiendas: una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías. Su gozo es tan grande que no ve necesario ni tienda para él ni para sus compañeros. Desde la nube se escucha la Voz del Padre: "Este es mi Hijo, mi Amado, en Quién me he complacido; escuchadle". La invitación a escuchar a Jesús. La invitación a adherirnos a Él. Jesús, ante el espanto de sus discípulos, les invita a no tener miedo. 

El Papa Francisco en el mensaje para la Cuaresma de este año nos dice: "En este tiempo litúrgico el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado. Aun cuando nuestros compromisos diarios nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a "subir a un monte elevado" junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis. La ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz. 

Era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos (...), debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. (...)

 Al final de la subida, mientras estaban en lo alto del monte con Jesús, a los tres discípulos se les concedió la gracia de verle en su gloria, resplandeciente de luz sobrenatural. Una luz que no procedía del exterior, sino que se irradiaba de Él mismo. La belleza divina de esta visión fue incomparablemente mayor que cualquier esfuerzo que los discípulos hubieran podido hacer para subir al Tabor. Como en cualquier excursión exigente de montaña, a medida que se asciende es necesario mantener la mirada fija en el sendero; pero el maravilloso panorama que se revela al final, sorprende y hace que valga la pena (...).

El Papa continúa su mensaje, con unos puntos maravillosos para vivir, que otro día, Dios mediante, seguiremos profundizando.

Los apóstoles van bajando de la montaña, y Jesús les manda que no digan nada a nadie de esta visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos. Estos tres apóstoles, que han visto a Jesús transfigurado, serán los que le verán abatido y orando en el Huerto de Getsemaní.

Acompañemos a Jesús tanto cuando le vemos rodeado de esplendor, como cuando le vemos sufriente. Es el mismo Jesús que tanto nos ama y dio su vida por nosotros.

Jesús en Getsemaní


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